jueves, 3 de abril de 2014

JOHAN MUSEEUW: UN LEON DE FLANDES

Es tiempo de clásicas,  tiempo de esas legendarias travesías por el norte de Europa sorteando baches y adoquines por carreteras en las que apenas cabe un coche, tiempo de echarse a las cunetas cerveza en mano para ver pasar a los gigantes del mundo ciclista con sus maquinas, esos gigantes ahora en boca de todos en las horas previas a las carreras más importantes: los Boonen, Cancellara, Sagan…nos van a brindar a buen seguro varias emocionantes tardes de domingo. De algunas de esas inolvidables tardes siempre habrá un recuerdo para uno de los grandes en la historia de estas carreras de un día, el León de Flandes (con permiso de  Fiorenzo Magni) Johan Museeuw.

Este mito del ciclismo belga y mundial estuvo 16 largas temporadas en la elite pasando de ser un sprinter puntero en las llegadas de las grandes vueltas a ser uno de los clasicomanos más laureados de todos los tiempos. Sus inicios fueron como gregario de Eddy Planckaert en el AD Renting y posteriormente el ciclista de Varsenare corrió en las filas del conjunto Lotto hasta que en 1995 después de pasar por el GB (germen del posterior equipo italo-belga) iba a pasar a la potente estructura Mapei (luego Domo y Quick Step), escuadra que iba a gozar de un insultante dominio en las clásicas de la década de los noventa. Esa hegemonía era tal, que en la temporada 1996 se presentaron en solitario en el velódromo de Roubaix tres corredores con maillot de Mapei los cuales tuvieron que repartirse la victoria en el Infierno del Norte a gusto del patrón del equipo Giorgio Squinzi, que dispuso como ganador a Johan Museeuw por delante de los italianos Bortolami y Tafi. Era la primera Roubaix de un Museeuw que ya gozaba en su palmarés con dos Tours de Flandes, conseguidos de forma magistral en las temporadas 1993 y 1995, ya con la dirección de Patrick Lefevre su mentor para afrontar las clásicas primaverales.

Uno de los momentos determinantes de su prolongada carrera profesional ocurrió en la temporada de 1998, el implacable rodador belga venia de conseguir su tercer Tour de Flandes, por delante de Zanini y del también belga Andrei Tchimil, lo que le ascendía a la categoría de leyenda del ciclismo de ese país y de todos los tiempos, convirtiéndose en el león de Flandes del ciclismo moderno. Una semana después se disputaba como es costumbre la reina del adoquín, la Paris-Roubaix, con Museeuw como gran aspirante a conseguir el mágico doblete Flandes-Roubaix. En el clásico terreno embarrado entre Compiegne y Roubaix por las empadradas calzadas del norte francés transcurría la carrera a la espera de la llegada a uno de sus puntos culminantes, el temible Bosque de Arenberg o tramo de Wallers, uno de los pasos de adoquín catalogado con cinco estrellas de dificultad. La mala suerte se iba a cebar con el corredor flamenco, que iba a dar con una de sus rodillas en el empedrado suelo del terrible Foret d’ Arenberg provocando la rotura del hueso y por supuesto el abandono de la prueba. Durante los días posteriores una infección hizo temer por la pierna de Museeuw, se hablaba de amputación de la misma y su consecuente retirada del ciclismo profesional, una retirada por la puerta de atrás nada merecida para el belga. Milagrosamente no hubo amputación y Johan Museeuw pudo volver a las carreteras a demostrar su talento, y vaya si lo demostró. Dos años después de su desafortunado incidente, en la temporada 2000, el León mostraba sus garras culminando una exhibición que comenzó a casi 60 kilómetros a meta y llegando en solitario al velódromo de Roubaix por delante de su compatriota Van Petegem y donde mostraba su recuperada rodilla a todo el público asistente que enloquecía con la llegada del corredor de Mapei. 
Dos años después en 2002, Museeuw se hacía con su tercera Roubaix que junto a sus tres Tours de Flandes y al Campeonato del Mundo conseguido en Lugano en 1996 (entre otras importantes victorias) le convierten en uno de los grandes ciclistas de la historia moderna.           


martes, 7 de enero de 2014

SEAN KELLY: UN IRLANDES TRIUNFA EN LA VOLTA

Daniel Martin se convertía este año en el segundo irlandés en vencer la carrera decana del calendario nacional, Sean Kelly el magnifico clasicomano de los 80 fue el primero en conseguirlo y en dos ocasiones.


Procedente del verdor y los acantilados del rural sur de Irlanda con un temperamento arrollador en todos los sentidos y dotado de un poderío extraordinario para montar en bicicleta, surgía la figura de Sean Kelly. En 1977 emerge de lleno en el profesionalismo en el legendario conjunto Flandria y poco a poco se hace un importante hueco en el pelotón de los ciclistas más selectos de la época.




En septiembre de 1984 se presenta en Platja d’Aro, salida de la Volta a Catalunya , después de haber sido el dominador de la temporada venciendo en País Vasco, Paris-Roubaix y Lieja, además de su carrera fetiche la Paris-Niza, en la que consigue 7 triunfos en la general a lo largo de su espectacular trayectoria como profesional. En la Costa Brava se dan cita grandes nombres del deporte de la bicicleta como es el caso de Eric Caritoux, Pascal Simon, Millar  y los locales Lejarreta, Delgado, Arroyo o Pedro Muñoz. La primera etapa posterior al prologo, con final en Sant Boi de Llobregat, contaba con un recorrido rompepiernas con la ascensión al Tibidabo en la cual el pelotón iba a romperse en mil pedazos dejando cortados a algunos de los favoritos, sin embargo Sean Kelly aprovecha la oportunidad y vence en la línea de meta. 

Después de la tercera etapa y tras una escapada consentida, López Gonzalvo se hace con el liderato después de llegar la escapada a la meta de Tarrega con mucha ventaja. La cuarta jornada contaba con dos sectores de 138 y 93 km respectivamente, el primero de ellos con final en Barcelona fue a parar de igual manera a Sean Kelly, que repetiría en el sector de la tarde con llegada en Manresa,  por medio la subida a Montserrat y donde el potente irlandés se unía a un grupo de 8 ciclistas encabezados por el alicantino Belda dejando al líder por detrás fuera de combate. El balance final de los dos sectores fue el liderato para Sean Kelly.




Al día siguiente llegaba la etapa reina con final en el Alto de Puigmal dentro de un recorrido de 147 km, no excesivamente larga pero con dureza suficiente para decidir la carrera. La mala suerte se ceba con el líder irlandés que sufre un problema mecánico en las primeras rampas de la ascensión final al Puigmal y cede unos segundos con la cabeza de carrera. El corredor de Teka Pedro Muñoz (en la foto de abajo con maillot de Fagor) vence en solitario la etapa y se hace con el liderato por 19 segundos de ventaja a la espera de una contrarreloj que se iba a disputar dos días después en la localidad gerundense de Sant Pere de Roda para acabar de decidir la clasificación general de la ronda catalana. 
La crono de 18 km tenía como favorito a Kelly que cumplía el pronóstico consiguiendo la victoria por tan solo 19 segundos (la distancia que les separaba en la general) sobre Pedro Muñoz y dejando la general empatada a tiempos pero con el puestometro a favor del irlandés que vencía su primera Volta a Catalunya, esta vez la mala suerte fue para Muñoz.





Al año siguiente en 1985, Sean Kelly volvía a ser protagonista de la carrera finalizando con un segundo puesto en la general final a tan solo 3 segundos del escocés Robert Millar. En la etapa prologo en Llança, un perro se cruzo en el camino de Kelly poco antes de tomar la salida lo que le hizo perder unos valiosos segundos que probablemente le hubieran llevado al triunfo en la clasificación general. En 1986 volvía a su cita con la Volta adjudicándose la victoria final en el 75 aniversario de la ronda catalana además de la crono disputada en territorio de Cerdeña (L’Alguer). Hasta ocho victorias de etapa iba a conseguir el irlandés en su particular historia con la Volta a Catalunya, como particular fue su historia en el mundo del ciclismo de este grandísimo corredor.


sábado, 21 de septiembre de 2013

SALLANCHES ' 80 : HINAULT NO TIENE PIEDAD

Muchos coinciden en que fueron los Campeonatos del Mundo de ciclismo en ruta más duros de la historia y el resultado final de los mismos parece dar la razón a quienes lo afirman. Nos situamos en 1980 en la localidad francesa de Sallanches en pleno corazón de la Alta Saboya alpina donde el 31 de agosto del citado año iba a disputarse la prueba en línea de los mundiales de ciclismo en carretera. Las primeras impresiones y reconocimientos de los distintos corredores dejaban claro que era prácticamente un recorrido de montaña en el que las veinte subidas a la complicada cota de Domency iban no solo a decidir la carrera sino a hacerla pedazos literalmente. El propio Juan Fernández, uno de los pilares básicos de la selección española de la época, declaraba tras sufrirlo en sus carnes días previos a la prueba que difícilmente acabarían muchos corredores ya que apenas había descanso en el exigente trazado francés, el “circuito de la muerte” fue el nombre que más se escuchaba en esos días.



El favorito número uno a la victoria era el indiscutible dominador del ciclismo en aquellos tiempos, el francés Bernard Hinault, dado que el recorrido por su dureza le venía como anillo al dedo. El “caimán” llegaba al final de temporada con la espina clavada de haber abandonado en el Tour de Francia tras una lesión y con la motivación de correr en casa ante un público entregado. Como principales rivales del bretón a conquistar el preciado maillot arco iris podíamos citar al belga Pollentier, el transalpino Baronchelli o al escoces Robert Millar sin dejar de lado otros posibles contendientes como el granadino Juan Fernández e incluso al mítico Roger de Vlaeminck.


Pero los pronósticos se iban cumpliendo según iban avanzando los kilómetros y Bernard Hinault iba seleccionando con fuertes cambios de ritmo las primeras posiciones y dejaba a 12 vueltas para el final, algo casi imposible en el ciclismo actual, prácticamente sentenciada la carrera con el italiano Baronchelli como único contrincante que a duras penas podía seguir la rueda del potente corredor francés. Como anécdota destacar que el propio Bernard Hinault se acerco al coche del mítico seleccionador italiano Alfredo Martini para pedir la colaboración de Baronchelli en la escapada, pero el corredor de la azzurra poco podía hacer ante el empuje y la fuerza de un Hinault incontestable aquel día en Sallanches. A falta de una vuelta para el final, en plena subida a la Cota de Domency, el corredor francés asestaba el golpe letal que condenaba a Baronchelli a la plata y ponía tierra de por medio para conseguir el Campeonato del Mundo tras una inenarrable hazaña que solo los grandes de la historia de este deporte como el “Caimán” Bernard Hinault han podido firmar. En el sprint final por el bronce Juan Fernández se imponía a un reducido grupo entre los quince supervivientes de este terrible circuito alpino.

Fuente:  "Historias del Arco Iris" J.Carlos Molero



martes, 3 de septiembre de 2013

FREDDY MAERTENS: Lider de princpio a fin


En esta edición de la Vuelta ya hemos visto a cinco corredores distintos vistiendo el rojo de líder de la prueba en apenas una semana de carrera. Evidentemente esto no ocurre todos los años y en la Vuelta de 1977 sucedió  precisamente todo lo contrario, un líder de principio a fin, de la primera a la última etapa.



Ese líder fue el mítico corredor belga Freddy Maertens que en aquel entonces militaba en las filas del histórico conjunto Flandria portando el arco iris como campeón del mundo, título que conseguiría en dos ocasiones además de vencer en gran cantidad de pruebas de un día como la Paris-Tours o la Amstel Gold Race junto a los tres entorchados del maillot por puntos que consiguió en el Tour de Francia. Como curiosidad destacar que nunca pudo vencer, a pesar de estar muy cerca de ello en algunas ocasiones, en ninguno de los denominados monumentos del ciclismo (San Remo, Roubaix, Flandes, Lieja, Lombardía), sin embargo fue un corredor muy popular en su país Bélgica.





Ya en la salida de la Dehesa de Campoamor en Orihuela, Alicante, donde se celebro el prologo de 8km, el corredor del Flandria se enfundaba el maillot de líder (naranja en aquella edición) para no soltarlo hasta la etapa final. Pero por si esto fuera poco, Maertens también iba a dominar la carrera en lo que a victorias parciales se refiere, con un total de 13 etapas vencidas durante el transcurso de la prueba, superando a Delio Rodríguez que ostentaba el record de victorias de etapa en una misma Vuelta con doce en 1941. Excepto la clasificación de la montaña, ganada por Pedro Torres, las restantes clasificaciones fueron también a parar al ciclista belga del Flandria.


Para los demás fueron quedando las migajas que iba dejando el potente rodador belga que a pesar de no ser un gran escalador se pudo hacer en 1977 con la única victoria en una carrera de tres semanas en su palmarés. Bien es cierto que la suavidad del recorrido con pocas etapas fuertes de alta montaña y la suspensión de las últimas etapas en territorio vasco (la carrera finalizo en Miranda de Ebro) por los problemas socio-políticos de la época, fueron un punto a favor de la victoria de Freddy Maertens que pudo aventajar en casi tres minutos al guipuzcoano del Teka Miguel Mari Lasa.

lunes, 12 de agosto de 2013

L'Angliru: El temible coloso de la Vuelta

La búsqueda por parte de Unipublic, empresa organizadora de la Vuelta Ciclista a España, de realzar su carrera para dotarla de una identidad propia buscando las diferencias con las otras dos vueltas grandes por etapas, el Giro de Italia y el Tour de Francia, han llevado a la ronda española todo tipo de innovaciones en recorrido, organización e imagen, siendo una de las más llamativas la aparición del maillot rojo para el líder de la prueba que tuvo lugar en la edición del 2010. Respecto al recorrido, la búsqueda de un coloso de montaña que fuera el santo y seña de la carrera como ocurre con ascensiones tan legendarias como el Mortirolo (a pesar de ser relativamente reciente) en el Giro de Italia o el Alpe d Huez en el Tour era otro de los objetivos de los organizadores de la Vuelta.

A mediados del año 1996, Miguel Prieto, invidente y por aquel entonces director de informática de la Fundación Once, envía a Unipublic la documentación sobre una ascensión sobrehumana en plena cuenca minera asturiana, partiendo de la localidad de La Vega-Riosa. Un camino rural hacia ninguna parte con un asfalto en malas condiciones que hacia poner pie a tierra hasta a los más intrépidos cicloturistas de Mountain Bike. Los técnicos de la carrera española procedieron a examinar con más detalle esta misteriosa subida conocida en un principio erróneamente como La Gamonal y más tarde como el Alto de L’Angliru. Se abría paso a una leyenda, por fin la Vuelta tenía el coloso que después de tantos años se le resistía.
El malogrado José María Jiménez “Chaba” fue uno de los primeros profesionales en ir a conocer personalmente la dureza de aquellas terribles rampas del alto asturiano, invitado por la peña ciclista que lleva su nombre en la localidad de Riosa, el abulense destacaba a los medios de comunicación los brutales desniveles y la posible trascendencia que tendría esta subida en el futuro. La organización ya había encontrado su “Mortirolo” o “Alpe d Huez” particular y el mundo descubriría sus poco mas de 13 km de ascensión y y sus rampas de hasta el 23% (en el tramo conocido como la Cueña de les Cabres) tal día como un 12 de septiembre de 1999.
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El día en cuestión, los valientes se enfrentaban a 175 km que separaban León del espectacular Angliru, con unas nubes que no hacía presagiar un bonito día en cuanto a lo meteorológico se refiere, y así fue. Según se acercaban los corredores a la cordillera asturiana la cosa iba poniéndose peor y así lo sufrieron hombres como el aragonés Fernando Escartin que tras una aparatosa caída en el mojado descenso de la Cobertoria, sepultaba sus opciones en esa Vuelta de 1999. La hora de la verdad había llegado, por fin llegaba la subida más esperada en los últimos años en la Vuelta Ciclista a España, quizás desde la primera ascensión a los Lagos de Covadonga no se había generado una expectación parecida. “Bienvenidos al Infierno” rezaba una pintada nada más pasar el cruce que lleva a los primeros metros del temible Angliru. La carrera que ya venía hecha pedazos con anterioridad, se iba fragmentando poco a poco. Míticas escenas como la del alemán y a la postre vencedor de aquella Vuelta Jan Ullrich sufriendo junto al líder en aquella jornada, Abraham Olano han quedado para el recuerdo de nuestra memoria ciclista. El mejor escalador español de la época, el abulense José María Jiménez (el “Pantani spagnolo” como afirmaba el comentarista de la RAI en la retransmisión de aquella etapa para el país transalpino) emergía de entre la niebla superando al ruso Tonkov y entrando en la historia como el primer vencedor de esta cima mítica. Jornada con todos los ingredientes encima de la mesa para calificarla como de tintes épicos, rampas inhumanas, lluvia, niebla….la repercusión mediática del evento se disparaba en aquella tarde ocupando en algunos momentos de la etapa, un 50% de audiencia para televisión española.

Durante los siguientes años su presencia en carrera se fue alternando, con un parón entre 2002 y 2008.No exento de polémica por los famosos empujones que no se ven a través de las cámaras y en pleno proceso de humanización del ciclismo, algunos corredores se han manifestado abiertamente en contra de la inclusión del Angliru en carrera. Grandes figuras de este deporte han inscrito su nombre con letras de oro en esta joven pero ya legendaria subida asturiana. “Chaba” Jiménez (1999) Gilberto Simoni (2000), Roberto Heras (2002), Alberto Contador (2008) y Juanjo Cobo (2011) son los corredores que han conseguido vencer en el coloso riosano. En la edición de la Vuelta 2013, el Angliru será otra vez un importante protagonista al situar la etapa un día antes de terminar la carrera en Madrid.


miércoles, 26 de junio de 2013

La caravana del Tour. Un curioso ritual



El aficionado al ciclismo, me refiero al que se agolpa en las cunetas en algunos casos esperando horas e incluso días para ver a sus ídolos en directo, agradece siempre su presencia. Durante casi una hora y como previa al paso de los corredores, la caravana publicitaria del Tour de Francia se convierte en un ritual que casi ninguno de los seguidores que se dan citan a los dos lados de la carretera quiere perderse. Una larga procesión de vehículos recorre exactamente cada uno de los kilómetros por donde apenas unas horas después transitaran los ciclistas más importantes del pelotón profesional.


La caravana fue creada en 1930 como un modo eficaz de publicidad orientado a los miles de espectadores que acudían a ver in situ a los ciclistas del Tour de Francia. En aquella época al existir equipos nacionales en competición, no tenían apenas presencia las marcas publicitarias en los maillot ni en la propia estructura de la carrera y Henry Desgrange, el patrón del Tour puso en marcha esta novedosa forma publicitaria para sacar rentabilidad a la prueba.


Según datos aportados en una encuesta realizada por la propia organización del Tour de Francia, el 47 % de los seguidores que siguen la carrera en vivo tendrían como principal motivación a la hora de asistir a este evento, la caravana publicitaria. Los vehículos transformados de una forma original adaptada a la marca anunciada, tardan cerca de 45 minutos del primero al último y reparten obsequios entre los aficionados.

Unos 20 km de largo, con sus 180 vehículos, 600 personas, 37 marcas representadas, 15 millones de regalos distribuidos…  Son algunos de los datos de la caravana publicitaria de la última edición del Tour de Francia en el año 2012.








miércoles, 29 de mayo de 2013

INDURAIN DESTROZA LA MORAL DE SUS RIVALES. DAUPHINE'96

Se la podría considerar un pequeño Tour de Francia, a menudo sirve de previa (actualmente junto a la Vuelta a Suiza) para aquellos corredores que van a disputar la gran carrera francesa con opciones de brillar en la general final o victorias de etapa.
Nos referimos a la Dauphine Libere, una prueba histórica donde habitualmente se dan cita los mejores corredores del mundo y que en condiciones normales el ganador de la misma suele ser destacado protagonista de una forma u otra en el Tour, o no siempre.

Nos vamos a la edición de 1996, donde el gran tema de conversación en el entorno del mundo ciclista era la posibilidad de que un corredor superara la hasta entonces infranqueable barrera de cinco victorias en el Tour de Francia, ese corredor era por supuesto Miguel Induráin. El navarro se presentaba a la cita para el prologo inicial en la localidad de Megeve como vencedor de la anterior edición de la carrera. Un prologo corto en el que se imponía como no podía ser de otra manera el especialista de la época Chris Boardman, con los grandes favoritos como Rominger, Induráin o Jalabert en pocos segundos.

Ya en la segunda etapa en la que venció el francés François Simon, se pudo ver en las posiciones delanteras a Induráin dando un aviso para lo que vendría en las siguientes jornadas. Dos días después llegaba uno de los momentos clave de la Dauphine de aquel año, el Mont Ventoux. El famoso gigante de la Provenza, sin vegetación alguna en la parte más alta y con sus fuertes rachas de viento nos dejaba con la exhibición de dos de los grandes corredores franceses del momento, Laurent Jalabert y Richard Virenque. Para este último fue la victoria de etapa en la mítica montaña mientras que Jalabert, que por entonces militaba en el potentísimo conjunto ONCE, se hacía con el liderato con una interesante ventaja.



En la jornada posterior al Ventoux los corredores afrontaban una etapa contrarreloj de 42 km entre las localidades de Gigondas y Beaumes de Venise. Una dura prueba para el líder Laurent Jalabert ante grandes especialistas como Rominger o Induráin. El navarro no defraudo y se alzo con la victoria magistralmente por delante del suizo Rominger y del británico Boardman. El líder perdía 50 segundos con Induráin pero mantenía el maillot amarillo.


Y por fin llegaban los Alpes. La temida cordillera nos daba la bienvenida con una espectacular etapa camino de la ciudad amurallada de  Briançon, con el Col de Vars de por medio junto a la subida al mítico Izoard, entre otras ascensiones. Ya en Vars el líder Jalabert pasaba por problemas y perdía algunos segundos que posteriormente recuperaría. Sin embargo el durísimo Izoard paso factura al corredor francés de la ONCE que perdía el contacto con el grupo de Induráin donde también marchaban Escartin,  Leblanc, Virenque y Madouas.                                    

El navarro del equipo Banesto dejaba también a su perseguidores coronando en solitario el coloso Izoard pero una inesperada tormenta en el descenso le hizo tomar precauciones y fue alcanzado por sus perseguidores. Aun así Induráin se imponía en la meta de Briançon a Laurent Madouas y sentenciaba la clasificación general metiendo casi dos minutos a Jalabert el cual se bajo de la bicicleta en la jornada siguiente con final en Grenoble.

Miguel Induráin se hacía con su segunda Dauphine Libere consecutiva en la que seguramente fuera su última victoria en una carrera por etapas, dando un golpe moral a sus rivales para el Tour’96. Sin embargo ese Tour se convirtió en una autentica pesadilla para Miguel. Las pésimas condiciones climatológicas, con mucho frio, incluso nieve y un portentoso Bjarne Rijs dejaron al navarro y a toda su afición sin el sexto Tour consecutivo.


El podio final con Rominger y Virenque acompañando a Indurain